martes, 27 de noviembre de 2012

ISABEL I DE CASTILLA: "Sierva de Dios"

¿Por qué la Iglesia de Valladolid desea que Isabel La Católica sea canonizada?

Isabel I de Castilla

Por Don Braulio R. Plaza, anterior Arzobispo de Valladolid, actual Arzobispo de Toledo y primado de España.

Con fecha de 30 de Marzo de 1974 se aprueba la “Positio super scriptis”. Con ella la Reina Isabel I de Castilla es declarada “Sierva de Dios”.

Muchos de los historiadores actuales tropiezan con un obstáculo, a veces insuperable, para comprender la vida y la obra de Isabel I de Castilla, porque las referencias a la fe, la moral y la piedad cristiana inundan de tal modo todos sus actos que los tornan inasequibles para el orden de valores en que hoy nos movemos. En otras ocasiones, confunden santidad con falta de imperfecciones e incluso con fallos y pecados. Pero lo cierto es que, en un mundo, como el del siglo XV, en el que se busca como meta la fama que perdura, ella trató de alcanzarla mediante el "saneamiento de su conciencia" cumpliendo lo que entendía que era voluntad de Dios y de su Iglesia.

1.- EL DEBER BIEN CUMPLIDO:
Por otro lado, la impronta que en España, y más aún en América, ha dejado tan singular actitud es, sin duda, la herencia concreta: la parte más numerosa del Pueblo Católico, al dirigirse a Dios, habla en español.
Desde su primera juventud aprendió Isabel de sus maestros, frailes y algún obispo, que el cumplimiento del deber, en obediencia a las leyes morales, debía anteponerse a cualquier otra consideración. Y cuando las circunstancias la colocaron en la difícil coyuntura de reclamar la sucesión de la corona, aplicó estos criterios. Por ejemplo, cuando los nobles que rechazaron la idea de que Enrique IV pudiera legar el trono a quien no reconocían como infanta, quisieron proclamar reina a Isabel, tras la muerte de su hermano Alfonso, ella se negó. No porque admitiera que su sobrina Juana pudiera ser la heredera legítima, sino porque sus convicciones le impedían incurrir en los errores que ella trataba de corregir.

La Monarquía era para ella una forma para la gobernación de los Estados de tal naturaleza que se basaba íntegramente en el respeto a la ley, a las legítimas leyes heredadas y a las constituciones propias del reino. Y, por encima de todo, sometida a los principios de la ley divina, de modo que no pueda ser defendida con mentira o injusticia. Cuando quisieron imponerla un marido, Isabel mostró energía sobrehumana para casarse con Fernando, no por razones románticas, sino por su convencimiento de que esta unión de ambas coronas sería lo mejor para la comunidad cristiana que formaban los dos reinos.

PRUDENCIA, TEMPLANZA Y HUMILDAD:
En medio de la disolución de costumbres de los nobles de la época, fue una mujer austera; por virtud “nunca bebió vino, sino agua”, y fue de tal castidad que sorprendía a cuantos la conocieron. Transformó su Corte en "la más limpia de Europa". Y ello no impidió que acogiese y cuidase a numerosos hijos ilegítimos, incluso a los de su propio marido, o a los de la reina Juana, mujer de Enrique IV, y hasta a los hijos sacrílegos del Cardenal Mendoza, persona ejemplar, pero después de una juventud inconsciente.

Fue mujer de consejo y mujer prudente. Escuchaba antes de resolver ningún asunto. Sus consejeros son personas de mucha valía: Fray Hernando de Talavera, los Cardenales Mendoza y Cisneros, Gutiérrez de Cárdenas, Gonzalo Chacón, el converso Andrés Cabrera y el judío Abraham Señero. Estableció en su Corte "escuelas" para la formación humana y cristiana de sus hijos y de un numeroso grupo de damas, caballeros y criados, con maestros de la categoría de Pedro Mártir de Anglería.

Era austera, templada y prudente. Sobre todo, destacaba en la piedad y en la justicia. Un examen minucioso de las sentencias de esta mujer culta que se nos han conservado, y que son abundantísimas, sorprende precisamente por su imparcialidad. Igual absuelve a un plebeyo como condena a un noble, por ejemplo al Almirante Enríquez, primo del Rey, que fue desterrado. También supo esta virtud Cristóbal Colón, cuando quiso reducir a esclavitud a sus súbditos.

LA FE EN CRISTO y LA DEVOCIÓN A LA EUCARISTÍA:
Otro aspecto importante de la vida cristiana: la devoción y vivencia de la Eucaristía Isabel la vivió con intensidad. No le importa incluso escribir a los obispos del Reino, de su propia pluma, una carta en la que expone la situación de cierto descuido que existe en la atención del Tabernáculo y en la renovación de las sagradas especies, porque “es cosa del servicio de Dios e que todo cristiano debe procurar”. La relación de
las limosnas que hacía ocupa hoy gruesos volúmenes, sabiendo que prohibió a sus limosneros que nadie supiera tal relación e incluso que la quemara, cosa que no hizo, por lo que no hace mucho tiempo se descubrieron en Simancas tales documentos.

La fe religiosa, como aglutinante de los pueblos, era una de las más esenciales preocupaciones de los gobernantes del siglo XV. La sociedad de entonces compartía, sin discutirla, esta doctrina. Pero en no pocos reyes había una gran diferencia entre lo que teóricamente se afirmaba y su conducta práctica. La Reina Isabel se empeña en hacer de la doctrina realidad. Está convencida de que éste es su deber. Y hace de su vida un empeño continuado en el servicio de Dios y de su Iglesia.

Para ella el restablecimiento de la unidad religiosa en su reino requería dos empresas: liberar el Reino de Granada de los musulmanes, y depurar la Cristiandad de influencias religiosas ajenas. No hacía mas que obedecer la voluntad de la Iglesia que pedía a los reyes que vigilasen cuidadosamente las desviaciones doctrinales, y tenía procedimientos para subvencionar la guerra contra el Islam.

La Reina y Santa Beatriz.
No se podría hoy defender en el siglo XXI la intervención de la Iglesia en tales asuntos; pero ésa era la práctica aceptada en aquellos tiempos. La publicación de importantes documentos nos revela hoy una evidencia para muchos ignorada: siendo grande el rigor con que se procedió, la Inquisición, por ejemplo, fue mucho menos cruel que otros tribunales y los casos de ejecución de reos en España fueron mucho menores
que en Inglaterra, tanto de católicos como de protestantes.
Este tema de "la unidad religiosa" era norma universal que más tarde Martín Lutero definiría con el principio cuius regio eius religio, reconociendo al príncipe soberano el derecho de imponer su religión a sus súbditos. Isabel, por el contrario -cuius religio eius regio-, tuvo el empeño de acomodarse en su gobierno a la religión cristiana, reconocida por el pueblo como la única y verdadera y adaptar las leyes a los principios
morales del cristianismo, y su conducta a la obediencia del Sumo Pontífice.

LA PAZ y EL PERDÓN EN CASTILLA:
No fue muy pacífico el reino que heredó Isabel. Pero tenía ella como meta para sus reinos la paz y, como medio para conseguirla, el perdón de los vencidos. Es éste uno de los capítulos más luminosos de su biografia y perfectamente demostrado en la abundante documentación del Archivo de Simancas y de las Casas nobiliarias.
Perdona al Duque de Arévalo y al conde de Plasencia, que habían despojado a su madre de su señorío de Arévalo. Perdonó al arzobispo Carrillo, que puso sus gentes y sus fortalezas al servicio del rey de Portugal para entrar en Castilla en 1478. Ese mismo año firma la paz con Francia. Y poco después, en un encuentro singular con la infanta Isabel de Portugal, al que asisten "ellas dos solas", se sientan las bases para una
paz duradera con el país vecino. Y no duda en que su propia hija, "la señora infante doña Isabel aya de ser puesta en tercería" en garantía de esta paz.
Y cuando Carlos VIII de Francia, incumpliendo sus pactos, invade la frontera cátalo aragonesa y el rey Fernando, su esposo, se dispone a enviar un numeroso ejército, “1a preocupación de la Reina era mayor por los franceses que pudieran perecer a manos de los nuestros, que por sus propios soldados", asegura Pedro Mártir de Anglería. Y "recorrió monasterios de religiosos y religiosas" en petición de oraciones para que no se derramase sangre de cristianos. Y "pasó aquel día en oración y ayuno riguroso, de rodillas, con todas las damas y doncellas que tenía en palacio". Ciertamente no hubo batalla: los franceses se retiraron.

LA REFORMA EN LA IGLESIA:
Como sabemos, la reforma de la Iglesia era un sentido deseo por todos los pueblos europeos de la cristiandad de entonces. En España este deseo fue hecho realidad gracias a los buenos oficios de la Reina. Con sólo el derecho de “suplicación" consiguió Isabel que aquellos Papas del Renacimiento y, especialmente de Alejandro VI -buena paradoja- un plantel de arzobispos y obispos de una gran talla en virtud y celo pastoral, cuyo prototipo es Fray Hernando de Talavera, su confesor y Prior del Monasterio
Jerónimo de Prado en Valladolid. Y no se conformó con suplicar a la Santa Sede.
También se resistió a ella cuando pretendían nombrar obispos o abades que no reuniesen las condiciones exigidas para su ministerio. Así evitó que César Borgia fuera arzobispo de Sevilla, en contra de los deseos de la curia romana. Ahí está el Concilio Nacional de Sevilla de 1479, que comenzó la reforma, gracias al empeño de la Reina en el fomento de las Órdenes religiosas, el restablecimiento de la disciplina entre los clérigos y el cuidado de la moral pública, de la que ella quiso siempre dar ejemplo.

El Profesor García Oro, OFM, gran conocedor del tema, asegura que 'la valoración de la empresa reformadora, en su conjunto, lleva indefectiblemente a apreciar en su justo valor el alma y la religiosidad de Isabel, que se definen, a través de este empeño y estos esfuerzos, como acendradamente espirituales y
eclesiales". Parece como si, con esta reforma, hubiera querido poner a punto la Iglesia
española para acometer con renovada energía la futura empresa de la evangelización delmundo que estaba por descubrirse.

EVANGELIZAR AMÉRICA:
Sin quitar a Colón nada de la gloria que le corresponde, no puede olvidarse el papel muy importante, y hasta esencial, que jugó Isabel. Sin ella, Colón habría seguido con sus ilusiones y fantasías de encontrar un camino más corto para la India y América no hubiera sido descubierta por Castilla.
No se encontró un camino más fácil, sino un continente desconocido que hay que evangelizar. Esa empresa la vio rápidamente la Reina. Ya en el segundo viaje van un Delegado Apostólico y cuatro misioneros. En el de 1502, quince misioneros y seis indios ya bautizados, como intérpretes.
Isabel pone los cimientos firmes de la obra evangelizadora del continente nuevo por su empeño, decisión y apoyo financiero. La impronta civilizadora es exclusivamente suya. La Reina no pensó en conquistas, sino en extender la fe católica a aquellas tierras. Por eso siguió los pasos de la colonización con solicitud verdaderamente maternal. En las instrucciones dadas a Colón para los tres viajes, la principal preocupación de Isabel versa sobre el trato de los indios y se suceden disposiciones regias favorables a los naturales de las tierras descubiertas, regulando su vida, sus costumbres, su religión, su instrucción, su contratación para el trabajo y su retribución.

En la gesta española en América hubo defectos, y no pocos, como en toda obra humana, pero el resultado está ahí: un Continente incorporado a la civilización cristiana en el que, a los cinco siglos, se asienta casi la mitad del catolicismo mundial.
En el tema de la libertad de los indios y la prohibición de la esclavitud, la Reina
Católica superó la doctrina de su tiempo y las disposiciones pontificias, anticipándose
en siglos a las ideas contra la esclavitud.
No sabemos la veracidad de la frase que se atribuye a la Reina "¿Quién es Don Cristóbal Colón para hacer esclavos a mis súbditos?". Pero sorprende que cuando todos piensan que la esclavitud es algo normal y perfectamente lícito como derecho de conquista, la clarividencia de Isabel duda de ello. Cuarenta años antes que se abrieranamino las ideas de Fray Antonio de Montesinos o de Bartolomé de las Casas o del P. Vitoria, Isabel toma drásticas medidas ante la venta de esclavos que han traído de La Isabela.

Colon y la Reina.
Cinco años tardaron los sabios teólogos y canonistas en contestar si "con buena conciencia se pueden vender”. A la Reina le sobraron cuatro días para tomar la sabia decisión de suspender la autorización de la venta de los indios. Por cédula de 16 de abril de 1495 (la autorización se había dado el día 12), la Reina ordena buscarlos y
entregarlos a Pedro de Torres para que los devuelva a su Isla. Y manda que se abone de
su propio peculio todos los gastos del rescate. Es, posiblemente, el primer acto de
reconocimiento público del respeto debido a la persona humana sólo por ser tal.
No es suficiente el derecho a la libertad. La Reina llega más lejos en sus deseos y mandatos y ordena a los gobernadores (diciembre de 1503) que "apremiéis a los indios a que traten y conversen con los cristianos... y trabajen en sus edificios... y en facer granjerías y mantenimientos... y fagáis pagar a cada uno el día que trabaje el jornal
y mantenimientos... que vos pareciere que debieren haber...”.

Estas ideas y otras muchas de una práctica avanzada de concepción social y de un exquisito sentido del equilibrio y de la justicia serán después refrendadas en sus dos últimos documentos, el Testamento y el Codicilo, en los que ordena a sus sucesores la continuación de esta obra en la que ella había volcado toda su conciencia de mujer
católica, piadosa y humana, con una religiosidad clarividente y sincera.

TESTAMENTO y CODICILO:
El verano de 1504 la Reina está gravemente enferma en Medina del Campo.
Desde septiembre ya no firma ningún documento de gobierno, pero cercana la muerte,
cuando no se engaña, dicta su Testamento y se dedica a "descargar su conciencia". Es
escrupulosa hasta el menor detalle. Encarga a Fray Hernando de Talavera y a otros de
los suyos que investiguen en todo el reino, villa por villa, convento por convento,
obispado por obispado, si quedan todavía “descargos por facer" o deudas por liquidar o
reclamaciones por atender.

El 12 de octubre dicta el Testamento a Gaspar de Gricio, hermano de Beatriz Galindo. Es un código cristiano de gobierno. Pocas semanas después, el 23 de noviembre, redacta el Codicilo. En ambos están muy presentes sus intenciones sobre América y sus buenos deseos para con los indios: "Al tiempo que nos fueron concedidas por la Sancta Sede Apostólica las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal yntención fue... de procurar de ynducir a traer a los pueblos dellas, e les convertir a nuestra sancta fe católica, e enviar... prelados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosos de Dios para instruir los vecinos e moradoras dellas en la fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia devida...”

Tres días después, el 26 de noviembre, moría en la paz del Señor. Su esposo Fernando escribiría “que había tornado su reino por otro mejor", y Mártir de Anglería dirá: "Se me cae la mano de dolor... Exhaló la Reina su espíritu, aquella su alma grande, insigne excelente en sus obras. El mundo se queda sin la mejor de sus prendas".

CONCLUSIÓN:
  ¿Por qué se ha elegido a Isabel I de Castilla para su beatificación?

La Causa de Beatificación de la reina Isabel I de Castilla, la Católica, se inició en 1958 en la Archidiócesis de Valladolid, España, siguiendo las normas de la Iglesia Católica, que indican que estas causas deben iniciarse en la diócesis donde se produjo el fallecimiento.

Este proceso puede causar perplejidad en quienes dan crédito a una densa leyenda negra, que no resiste una crítica seria, y que ha condicionado durante mucho tiempo cualquier referencia a la reina Isabel. No obstante, la idea de su beatificación surge espontánea en quienes, además de conocer los tópicos de siempre, bebieron en las fuentes documentales de la época. La causa está suficientemente avalada por su vida de fe, su compromiso con Dios y con el prójimo, su austeridad, su afán evangelizador y su lucha por los derechos humanos.

La Causa concluyó su fase diocesana en 1990 y fue trasladada a Roma para su estudio por la Congregación para la Causa de los Santos. Después de haber aprobado el examen de los historiadores, con buena nota, aún no ha tenido lugar el decisivo dictamen de la Comisión Teológica, que ha sido pospuesto "para un mayor estudio y reflexión". Si es favorable, su dictamen pasaría a la Congregación de Cardenales y Prelados, que informaría al Papa, para su decisión final, sobre la heroicidad de las virtudes y la declaración oficial de Venerable.

Valladolid 2012, el proceso sigue su curso.



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