martes, 11 de agosto de 2020

A propósito de nuestra primera fecha oficial como Hermandad: 22 de Agosto de 1578

 A propósito de nuestra primera fecha como Hermandad:

Cuando llegan estas fechas, estamos en agosto de 2020, a once días del próximo 22 de agosto, por tanto a punto de celebrar el 442 aniversario de nuestra primera fecha oficial como Hermandad, sigue habiendo preguntas e incógnitas que tenemos que ser capaces con el tiempo de ir respondiendo y aclarando. Pues es importante para conocer nuestro pasado y es fundamental para afianzar nuestro futuro.

Este 22 de agosto, fecha que la cofradía y la orden de la Merced no eligen al azar, coincide con la octava de la Virgen de la Asunción o de Agosto, patrona de la Piedad; por tanto en torno a su fiesta principal sientan las bases para organizarse como hermandad, y aprueban su Regla. Con ello querían dejar claros varios aspectos: 

1.-Que eran la misma Cofradía que la que fundaron los Genoveses en tiempos de los Reyes Católicos.

2.-Que están establecidos en el mismo convento desde esos momentos iniciales: La Merced, y más concretamente en su capilla e Santa Ana.

3.-Y que nunca dejaron de funcionar como Cofradía, a pesar del momento crítico de mediados de siglo, pues se ubican en la ermita de San Roque, próxima al convento de los Mínimos de la Victoria. 

La fecha histórica del 22 de agosto de 1578, antes de desgranar este gran momento histórico sería bueno matizar que nuestra Cofradía, “la confradía de Ntrª Srª de a Piedad o de los Jinobeses”, como se la denominaba  entonces, nunca fue disuelta ni nunca fue de nuevo creada. Esto es un dato cierto y objetivo.

Entonces qué pudo ocurrir para que realmente no sepamos dónde está ese instante en el tiempo, en el que al parecer no hay conexión alguna en nuestra Hermandad, cuando hay indicios más que evidentes para al menos mantener una cierta duda razonable.

Comencemos pues a tratar de arrojar algo de luz al tema. Si nos retrotraemos en el tiempo comprobamos que a comienzos del siglo XV, la Piedad es fundada por los Genoveses en tiempos de los Reyes Católicos; Antolínez de Burgos nos dice que en “tiempos de la reina Juana y de su hijo con título de César”. Esto es cierto, la Reina Isabel fallece el 26 de Noviembre de 1504 en Medina del Campo; y al día siguiente, Juana, es proclama Reina de Castilla, por su padre el Rey Fernando, en la plaza de Medina del Campo.

Otro apunte muy revelador es el que se nos proporciona en 1519, cuando se cita y se nombra a la Piedad con el primer nombre conocido: “Cofradía de la Concepción, Señor San Sebastián y Señor San Roque”.

También la doctora María Antonia Fernández del Hoyo nos aclara que la Piedad, en estos momentos, tenía su sede en el convento de la Merced, a donde acudían genoveses que tuvieron relación estrecha con Colón, más concretamente se reunían en la capilla de los Esclavos o de Santa Ana y que era muy buena para colocar allí sus insignias y sus pertenencias y “para hacer sus cabildos e ayuntamientos... e asimismo para poner en la dicha capilla un retablo e imagen e tener en ellas sus arcas...” (Conventos desaparecidos de Valladolid, página 214).

Más tarde harían obra en estas dependencias para agrandar la sala y la capilla, nuestros cofrades de entonces tenían recursos. Hemos de recordar que estos hermanos de comienzo de siglo eran gentes de negocios. Por dar un dato muy significativo, el tal Leonardo de Lomelín, genovés amigo en su día de Colón y que aparece como posible fundador de la Piedad, comerció en 1542 con Hernán Cortés y trajo a Castilla un cargamento de azúcar proveniente de las Indias o de América. Es más el propio descubridor de América mantuvo una cierta relación con un tal Mirueña, que disponía de unas casas en las proximidades del convento mercedario, allí se hospedó en algunas de sus visitas a la villa del Esgueva.

Y llegamos al momento crítico, al instante de no saber realmente qué sucedió entre 1550 y 1577 en la Piedad. Podemos sospechar como una primera causa de la decadencia de la Hermandad  la más que posible salida de la corte de Valladolid con destino a Madrid, (ya en los instantes finales del reinado de Carlos I, cuando Felipe II comienza a asumir el mando del reino, Madrid, se contempla como el lugar idóneo para ello). Esto provocó que gran parte de la nobleza y de gentes del negocio, banqueros, comerciantes, entre ellos los genoveses abandonasen Valladolid y siguiesen a la corte allá donde fuese.

Así pues la Piedad por un tiempo, hacia 1544, se debió ubicar en la ermita de San Roque, al pasar el Puente Mayor, que posteriormente dependería del Convento de Nª Sª  de la Victoria, así lo refrenda Antolínez de Burgos.  Casi con toda probabilidad se recompondría de cero, con vallisoletanos que se vinculaban a la Hermandad, donde poco importaba ya su condición y linaje. Se buscaban buenos cristianos que siguiesen con la idea fundacional de la Hermandad.

1549 es otro año de especial importancia en la Piedad, pues la cofradía de la Vera Cruz presentó pleito contra nuestra Hermandad por la hora de sacar la procesión, quizás este contratiempo judicial perjudicó también a los cofrades. Y es que hasta 1578, cuando los cofrades se reúnen en el Convento de Nª Sª de la Merced para redactar y aprobar su Regla, no tenemos noticia alguna más. Aunque es de suponer que la Hermandad siguió con sus “quehaceres cofradieros”, si se me permite la expresión;  los de entonces, claro está.

Así pues el 22 de agosto de 1578, ante el entonces Comendador Mercedario, entonces ostentaba el mando del convento en Valladolid un gran fraile a nivel nacional, el ilustrísimo Fray Francisco de Zumel. Así pues, la Piedad se reorienta como Hermandad fijando por escrito su primitiva Regla fundacional. Se vinculan definitivamente a la Orden Mercedaria, pues pretenden ser hermanos de ella.

El objetivo, no era otro que seguir disponiendo de la capilla de Santa Ana, que con el tiempo se conoció como capilla de la Piedad, la cual conservó a lo largo de los siglos y durante una buena parte de su historia.

Momento solemne y emocionante debió ser aquella reunión, para haberlo presenciado. Posiblemente se celebró en su capilla de Santa Anta o de los Esclavos, la misma que en 1519 reformaron y agrandaron, lo recuerdo pues es importante, por lo que después veremos “... que en el cuerpo de la Iglesia de dicho monasterio, entrando por las puertas principales a la izquierda está una capilla que llaman por el nombra de Santa Ana e que la dicha capilla es muy pequeña ahora a la sazón... e que sería e era buena para la dicha cofradía... para hacer sus cabildos e ayuntamientos... e asimismo para poner en la dicha capilla un retablo e imagen e tener en ellas sus arcas...” (Conventos desaparecidos de Valladolid, página 214).

¿Por qué es importante?, porque es imposible que la Piedad del 21 de agosto de 1578 fuese distinta  a la de un día después, a la del 22 de agosto, pero la historia no ha querido ser benévola con nuestra Hermandad a la hora de refrendar datos, momentos, patrimonio, Iglesia y sedes canónicas, ¡qué le vamos a hacer!, es una parte de nuestra propia identidad el ir perdiendo datos, pertenencias y recuerdos. 

 De todas formas así se recogió:

“Estando juntos el comendador, frailes y convento de la Merced, y hayándose presente el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Fray Francisco (de Zumel), Generalísimo de la Orden, hizo saber   que los diputados, mayordomos y cofrades de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad, que agora nuevamente se ha hecho y fundado en esta dicha villa de Valladolid, pretenden ser hermanos de dicha Orden de Nuestra Señora de la Merced e yncorporandose con la dicha Orden, e con este dicho Monasterio de Nuestra Señora de la Merced y tener en el dicho monasterio su capilla donde poder enterrar sus difuntos e sala y aposento donde poder hacer sus capítulos particulares y generales e donde poder tener sus ynsignias.” (Miscelánea vallisoletana, tomo III, página 534).

A partir de ese momento la Piedad tendrá su sede canónica en el convento de la Merced hasta el año de 1662, en el que edificaron la Iglesia propia, la Penitencial de Ntra. Sra. de la Piedad y de Ntra. Sra. de la Asunción.


viernes, 26 de junio de 2020

El Convento de San francisco de Valladolid IV.

El Convento de San Francisco de Valladolid, parte IV:

Capillas del lado de la Epístola, Coro, y nave de Santa Juana.


Virgen de la Piedad, procedente del Cto. de San Francisco, Gregorio Fernández, 1627.

 CAPILLAS DEL LADO DE LA EPÍSTOLA:

Había cinco capillas desde la reja de la Capilla mayor hasta los pies del templo. Todas poseían arcos de medio punto y bóvedas.

1ª.- CAPILLA DE SAN DIEGO:

Su patrón era don Gaspar de Escudero, alcalde de la Real Chancillería de Valladolid. Esta capilla poseía reja y tenía conexión con el Claustro y el púlpito.


San Diego, MNE de San Gregorio, Gregorio Fernández.

Su nombre viene dado por el San Diego de Alcalá, obra de Gregorio Fernández, que actualmente se encuentra en el M.N.E. de Valladolid.

2ª CAPILLA DE LA ENCARNACIÓN o de SANTIAGO:

Propiedad de varias familias, primero Hernán Sánchez, luego de Álvaro de Medina, posteriormente pasó a manos de doña Ana Con, quien finalmente se la dejó a Clemente Formentero, regidor de Valladolid. Éste en 1622  hizo reforma en la entonces capilla de Santiago, se usó piedra de cantería en vez de ladrillo y se siguió la traza levantada por Rodrigo de la cantera.

Tenía reja, hecha en 1632, de 32 balaustres de hierro macizo y grueso, altar en el muro de la izquierda  y en la pared del fondo  puerta que daba al Claustro.

Es de suponer que tras la reforma se cambiase de advocación, porque en 1625 ya se llama de la Encarnación. Tenía un retablo, en el que intervinieron dos Alcaldes de la cofradía de la Piedad; por un lado hubo con un gran cuadro de la Anunciación pintado por Diego Valentín Díaz, de “harto bueno” lo calificó Matías de Sobremonte. Y por otro, porque Tomás de Prado lo doró, como la reja, recibiendo por ello 875 reales.

3ª CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD, (de la Piedad que ahora está en San Martín), anteriormente de SAN BERNARDINO:

En 1590 era propiedad de don Juan de Sevilla y de doña Ana de la Vega y de sus herederos. Posteriormente pasó a manos de Don Francisco de Cárdenas; éste fue quien mandó realizar en 1627 el retablo de la Piedad, de Gregorio Fernández y que ahora se encuentra en la Iglesia parroquial de San Martín.

Esta imagen es ahora la advocación principal de la Muy Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de la Piedad, salió por primera vez en procesión el Viernes Santo de 1927, en la denominada de la Caridad. Gracias a la devoción popular y el amor que despierta entre las gentes de Valladolid, será coronada canónicamente en el año 2027, a los 100 años de su primera salida procesional y a los 400 de su hechura.

También poseía un retablo dedicado a la Asunción, del año 1671

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(Virgen de la Piedad, anteriormente de la Soledad, Cto de San Francisco, 1627, Gregorio Fernández, hoy en la Iglesia de San Martín)

4ª CAPILLA DEL SANTO CRISTO, anteriormente de SAN ANDRÉS:

Era la capilla que el feligrés de entonces veía de frente nada más acceder al templo, en un principio perteneció al convento, pero al estar muy mal cuidada se vendió en 1576 a su bienhechor, que fue un tal doctor Santamaría, médico  y clérigo, quien la reparó y adecentó convenientemente. La dotó de dos puertas, una que daba acceso a la Iglesia y otra al Claustro.


Tríptico de nogal, MNE de San Gregorio, Valladolid.

Poseyó un retablo, que bien pudiera ser el que ahora se conserva en el M.N.E. Es decir el tríptico en madera de nogal, con figuras pequeñas de la pasión y muerte de Cristo; aunque Rafael Floranes no se refería a esta obra, sino a  un retablo con un crucificado de “efigie grande y antigua”. También tuvo reja.

5ª CAPILLA DE LA ENCARNACIÓN, segunda con esta advocación, antes de SAN PEDRO:

Propiedad de Ana de Frómista, pues en 1571 el matrimonio de Antonio de Frómista y Juana de la Vega otorgaron su testamento, donde dejaban dicho que se les enterrase y pusieran su escudo de armas; también dispuso de ella  la cofradía de la Misericordia.

Era muy oscura, sin apenas iluminación pues estaba debajo del coro, y se cerraba con reja de madera, que fue dorada y pintada por un tal Enrique Manuel.

CORO:

Hacia 1505-1510 los franciscanos decidieron edificar un coro en alto a los pies de la Iglesia, para dejar de usar el que se encontraba en el presbiterio.

En 1622 se debió repara por problemas de sujeción, trabajó en ello el cantero Pedro de laVega, pues reclamaba ciertos dineros por “los pilares del coro”.

Sillería del Coro en el MNE de Escultura, fotos web Museo Nacional de Escultura

Tuvo una primera sillería  de 84 sitiales que realizaron dos hermanos entalladores, pero sería sustituida en 1735 por la magnífica sillería, en estilo rococó, realizada por Pedro de Sierra y ensamblada por su hermano el fraile fray Jacinto de Sierra. Actualmente se encuentra en el coro alto de la capilla del colegio de San Gregorio, soberbia obra de arte ampliamente estudiada. 

Fue solicitada por la Iglesia Prioral de las cuatro órdenes militares, de Ciudad Real, pero la Comisión provincial de Monumentos de Valladolid, a instancias de la Real Academia de San Fernando  desaconsejaba dicho traslado, “porque las obras de arte procedentes de Iglesias o monasterios de Valladolid no pueden ser trasladados fuera de ella”.

En 1740 se ubicó una Inmaculada y en 1809, cuando la invasión francesa,  existía una capilla del “Santísimo Cristo del Capítulo”. También se encontraban en él una imagen de un Ecce Homo y una urna con San Francisco de la Parrilla, además de dos órganos.

A continuación dejó la descripción que desde la página web del museo se hace:

Convento de San Francisco (Franciscanos), Valladolid Centro, Valladolid: Iglesia.Coro alto de San Francisco.

"Sobria de traza, la pormenorizada y rica decoración se atiene a los espacios establecidos por la clara estructura cuyas líneas subraya, en una concepción que se ha relacionado con el Plateresco. Forman los respaldos de las sillas altas un relieve principal, vertical, sobre otro horizontal, a modo de banco que lo completa o explica; ambos enmarcados por pilastras y pilastrillas terminadas en forma de ménsula y decoradas con cabezas de angelitos sobre una superficie de formas fluyentes, motivo común en la obra de Pedro de Sierra que le vincula con los Tomé. El relieve principal se concibe como un desnudo espacio de cierre avenerado, donde se yerguen figuras esbeltas, con pequeñas cabezas de rasgos finos y expresivos, características del escultor; las actitudes son elegantes, agitadas unas, confiado el dinamismo en otras al juego de los paños, cuyas superficies excavan amplios pliegues de bordes afilados, bajo los que se diluyen las anatomías, con resultados casi pictóricos. Los relieves pequeños son los únicos con escenas; minuciosos y siempre diversos en soluciones en torno al motivo principal: el nombre del personaje correspondiente. En las sillas bajas, tanto en los tableros rectangulares enmarcados por columnillas, como en los medallones situados sobre ellas, se efigian figuras de medio cuerpo, singularizadas en rostro y actitudes a modo de retratos. La parte más funcional del asiento se decora con motivos geométricos variados en taracea y las misericordias con mascarones de poderosa expresividad. El conjunto remata por entablamentos mixtilíneos sobre los que alternan frontones partidos, pequeñas esculturas exentas y medallones.

La sillería del convento de San Francisco ingresó en 1842 en el Museo, entonces instalado en el Palacio de Santa Cruz; la falta de un espacio adecuado no permitió conservarla montada: las sillas bajas y los asientos de las altas se colocaron en la galería cerrada del patio, y el resto de sus componentes se distribuyó por distintas salas y almacenes. Ya en los años veinte se restauraron y expusieron veintidós sillas altas, primer paso en su reconstrucción. Pero será en 1933, contando con el ámbito del coro alto de la capilla del Colegio de San Gregorio, cuando C. Candeira procede a ensamblarla de nuevo en su mayor parte; la necesidad de adaptarse al espacio disponible, mostrando el máximo de elementos, determinó la composición más que la coherencia tipológica e iconográfica.
Recuperaba así también una ubicación similar a la original pues, a comienzos del siglo XVI, el coro del convento franciscano, que había estado en medio de la nave, se trasladó a los pies sobre una tribuna. La "costeó y mandó hacer el reverendísimo P. Fr. Juan de Soto, ministro general de toda la orden [1729-1736] e hijo de esta ciudad y convento" (V. Pérez). Aunque se han manejado dos fechas diferentes para su conclusión, una (1742) procede de la puntuación errónea en la trascripción de una nota del manuscrito del Padre Sobremonte; fue el día de San Francisco de 1735 cuando se estrenó, aunque los remates se prolonguen hasta diciembre.


La publicación de 1741 "Sermones y Descripción Histórica del Capítulo General que la Religión Seráfica celebró Valladolid en 4 de junio de 1740", proporciona valiosos datos sobre la que califica de "célebre sillería" y describe en términos elogiosos: "Es su materia de distintas, apreciables y preciosísimas maderas; pero tan bien unidas y proporcionadas para las muchas Tarjetas, Armas, Imágenes y Figuras que forman, que excediendo a la mas delicada filigrana, causan sus diversos vivos colores agradable recreo... Compónese la una vanda de quarenta y ocho Sillas altas y baxas; y la otra, que está al lado del Órgano mayor, de quarenta y cuatro". Fue ciertamente obra de gran empeño, responsabilidad de dos de los hermanos Sierra, al frente de numerosos oficiales: Pedro, autor de la escultura, y Jacinto, ya religioso franciscano, al que hay que suponer las tareas de supervisión y ensamblaje, así como una posible participación en el diseño, dada la similitud de algunas soluciones con su obra retablística posterior.


El amplio programa iconográfico, desplegado según un esquema jerárquico de orden ascendente, está destinado a la exaltación de la Orden franciscana; su lectura inequívoca se garantiza mediante una clara rotulación en blanco. En las sillas bajas van "todos los ministros generales de nuestro Seráfico Instituto, empezando por la de la mano derecha la de nuestro Seráfico Padre San Francisco, y concluyendo en la izquierda con la de nuestro Padre Reverendissimo Fray Juan de Soto", con su nombre y número de orden; sumados los primeros vicarios generales llegan a 86, lo que justifica la presencia de los medallones. En las sillas altas están las figuras del "... Apostolado, á quien inmediatamente siguen, cercando todo el Coro, las de los Doctores de la iglesia, las de los Sagrados Patriarcas de las religiones y la de los Santos y Santas de nuestra Orden Seráfica, todos con sus particulares, y propias Insignias y divisas" junto con otros de especial significación como el Bautista, San José, evangelistas, o protomártires. La amplia nómina de santos, beatos, mártires, y personajes notables (papas, cardenales, etc.) pertenecientes a la órden franciscana se continúa en las esculturas exentas y medallones, mientras que en la cornisa figuran los nombres de sus teólogos más célebres. En los grandes tondos del remate, arcángeles y virtudes, añadiéndose a las teologales y cardinales, por simetría compositiva, una octava: la mansedumbre, atribuida particularmente a San Francisco de Asís.


Finalmente "... en el frontispicio del Coro dividiendo las dos primeras sillas altas... una Imagen primorosísima de María Santísima en el Misterio de su Concepción Inmaculada", misterio en cuya defensa se significaron los franciscanos. Debe ser la que cita Ventura Pérez en la descripción de la solemne procesión celebrada durante el citado Capítulo General de 1740: "Y la última iba la Purísima Concepción, la que tienen en el coro". Esta imagen se identificó tardíamente en los fondos del Museo (Arias y Luna, 1995) con una talla de la Inmaculada que estuvo depositada desde 1881 hasta 1989 en la Asociación de Hijas de María (Valladolid). Su inicial atribución a Narciso Tomé, fue pronto desestimada a favor de Pedro de Sierra; Martín González ya señaló las patentes relaciones con las figuras de la sillería en la pequeña y delicada cabeza, las manos de largos dedos y el tratamiento de los paños; el manto en torno a los brazos adquiere gran volumen, adelgazándose la escultura en la parte inferior, lo que le da ligereza; es una magnífica muestra del rococó.


El arte de Pedro de Sierra alcanza en este conjunto uno de sus más brillantes momentos; en su abundante escultura, excelentemente trabajada, y en los pequeños relieves preciosistas hay una "prodigiosa recreación de formas" (Wattenberg), un alarde de inventiva en tipos, actitudes, esquemas, motivos y detalles, para los que cabe suponer el recurso a repertorios de estampas. Sin duda esta sillería se encuentra entre las obras más excelentes del barroco castellano.

http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?Museo=MNEV&txtSimpleSearch=Siller%EDa%20de%20San%20Francisco&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=simple&MuseumsSearch=MNEV|&MuseumsRolSearch=15&

LA NAVE DE SANTA JUANA, ANTERIORMENTE DE SAN DIEGO:

Al final de la Iglesia, en su muro y a los pies, se abría una puerta que daba a la Nave de Santa Juana; era perpendicular a la nave principal del templo. También tenía acceso al claustro y por ella se llegaba la portería que daba a la Plaza Mayor de Valladolid. Poseía altar principal y ocho capillas.


Cuatro al lado del Evangelio: San Diego, San Miguel, Santa Ana (estas dos últimas pertenecían al cuerpo de la Iglesia) y del Santo Cristo.

Y otra cuatro en el lado de la Epístola: San Cosme y San Damián, Nuestra Señora la Blanca, San Juan Bautista y la de Nuestra Señora.

a) Capilla de San Miguel:

Poseía dos rejas, una daba a la nave de Santa Juana y la otra a la Iglesia. Y que la separaba de la capilla de Santa Ana. Su propietario fue Alonso de Vitoria y de su mujer Ana López de Corcuera, que en 1594 la adquirieron para su entierro, pagando para ello 2.100 reales, según Diego de Praves y Juan de Nates.

b) Capilla de Nª Sª la Blanca:

Se daba culto a la Virgen de la Blanca, era una imagen de Nuestra Señora sedente, procedente de Pisa, según afirmaba Diego Valentín Díaz.

La capilla fue propiedad primero de Diego Pérez, después de la familia Torquemada y finalmente de Lucas de Bárcena, del Santo Oficio, y de su mujer Isabel Romera.

Esta capilla tenía bóveda de crucería, y una magnífica reja fechada en 1602, rematada con una cruz, con crucifijo de bronce y dos escudos laterales.

CAPILLA DE LOS AJUSTICIADOS:

Aquí realizaba la obra de Caridad la Cofradía de la Pasión, "hagan bien por hacer el bien por el alma de este hombre que van a ajusticiar",  bajo el patronazgo de San Juan Bautista,  así que regentaban esta capilla contigua al patio.

Y es que en el patio que daba a la portada principal y a la Iglesia conventual, hacia la derecha según se entraba, estaban sepultados los huesos de los ajusticiados que morían en los caminos, luego posteriormente se hizo esta capilla llamada obviamente así.

Tenía nichos con puertas de celosías y un altar con un Cristo en la cruz y a su lado San Juan y Nuestra Señora, en el suelo las losas de piedra donde se enterraba a los ajusticiados. El obispo D. Juan Vigil de Quiñones concedió indulgencias a quienes rezasen por sus almas.

En 1703 se debió reformar y adecentar por José Gómez al precio de 1.000 reales.


lunes, 15 de junio de 2020

El Convento de San Francisco de Valladolid III

El Convento de San Francisco de Valladolid, parte III

Sacristía, Resacristía y Capillas de la Iglesia Conventual


(Recreación personal de la Iglesia Conventual, con sus capillas, capilla mayor, reja, sacristía y demás dependencias, así como las obras artísticas que se albergaban. Dibujo Roberto Alonso).

Uno que a veces le da por esto de Valladolid y lo antiguo, su historia, cultura, tradiciones y su patrimonio, etc, pues un buen día pensé en realizar a vuela pluma una especia de croquis o mapa del convento siguiendo la descripción de María Antonia Fernández del Hoyo y del plano de 1830.

Sabemos por el plano citado, que la cabecera de la Iglesia conventual estaba orientada hacia la calle Olleros, los pies hacia la calle Santiago y la entrada principal a la Plaza Mayor.

Su portada poseía un gran pórtico por el que se accedía al templo.

Nada más entrar, el vallisoletano de mediados del siglo XVII, por poner un ejemplo, se encontraría con la pila del agua bendita, se santiguaría y acto seguido, a su izquierda, contemplaría la capilla de San Carlos Borromeo y Santa Catalina y a su derecha la de San Antonio el Pobre o de “Los  Cañedos”, si levantaba  la vista a lo alto tendría el coro, cuya sillería no vería desde su posición; pero que hoy, afortunadamente, nosotros podemos contemplarla, pues se encuentra ubicada en la capilla del Colegio de San Gregorio (M.N.E.), y de frente se encontraría con la capilla del Santo Cristo…

Pero, en fin, haciendo un recuento de todas ellas y por dar unas pinceladas breves, diremos que la primera capilla del lado del Evangelio, próxima al altar, era:

1.-La Capilla de la Inmaculada o de los Rivera:

Estaba dentro de la Capilla Mayor, tenía como advocación principal una Inmaculada Concepción, obra de Francisco Rincón, y fue dorada y estofada en 1628 por Pedro Nevado.

Era una capilla alta con bóveda alta de crucería; tenía dos accesos, uno daba a la capilla mayor a través de un arco grande y por otro a la Sacristía, a través de una cristalera.

Se decía de también de los Rivera pues la fundó un tal Andrés de Rivera, que fue alcaide de Burgos, aquí fue enterrado, bajo una imagen que había de la Virgen de los Remedios.

Tuvo otro altar dedicado a San Francisco de la Parrilla, conocido como San Francisco de San Miguel, fue hijo del monasterio y años más tarde fue martirizado en el Japón. Esta escultura del santo estuvo en su altar hasta 1647, año en que fue llevada a la Nave de Santa Juana, parece ser que salió del taller de Gregorio Fernández, así lo afirmaba M de Sobremonte, pero lamentablemente está desaparecida. Esta capilla posteriormente cambió de advocación y pasó a denominarse:

 

2. Capilla de Nuestra Señora de Copacabana:

La capilla anterior se remodeló por completo entre 1676 y 1679, y se llamó así porque el que costeó la reforma de la capilla, fray Hernando de la Rúa, trajo de Nueva España, donde era comisario general de esta provincia, una imagen con este nombre, la Virgen de Copacabana, colocándose en su retablo.

También se cambió hasta la piedra y tuvo otros cuatro retablos nuevos con las imágenes de San Buenaventura, San José, Santa Teresa de Jesús y San Pedro Regalado.

En 1721 se ubicaría el Cristo de ágata, enviado desde Madrid y  en 1740 un Niño Jesús que unos hermanos de la orden, trajeron desde Belén, para asistir a capítulo.

3.-Capilla de San Antonio de Padua o “el rico”, también conocida como de la Concepción o de Santa Ana:

Era la primera capilla fuera del ámbito de la capilla mayor y detrás de  la reja. Fue fundada por Luis de Morales, tesorero del Rey Juan II de Castilla. Fue vendida por sus propietarios en 1646 a la cofradía de los sastres por 400 ducados.

Tenía una escultura de San Antonio de Padua, conocida como “San Antonio el Rico”, nombre que se le dio para diferenciarla de la que estaba en la capilla de al lado y que se la conocía como “San Antonio el pobre”. Era de procedencia italiana, pues vino de Florencia y fue donada a la cofradía.

4.- Capilla de San Francisco, o de San Mancio:

Era una capilla muy pequeña y oscura con reja de madera, perteneció a Ruy Pérez de Agraz. Fue una capilla muy relacionada  con él Hospital de Esgueva.

5.-Capilla de San Carlos Borromeo y Santa Catalina o de los Hermosilla.

Eran dos capillas adosadas y contiguas. A la de San Carlos no se accedía desde la propia Iglesia sino desde un patio que estaba al lado.

Así la describió Matías de Sobremonte: “Situada más adentro de la capilla de San Mancio y de un tránsito que va desde la de Santa Catalina a la de San Antonio, … era como la recapilla de  Santa Catalina…llamada de los Hermosilla”

La de Santa Catalina, según este franciscano, era la más elegante, moderna y majestuosas de la Iglesia conventual. Con dos arcos que daban a la nave central del templo; posiblemente sea la capilla de los linajes, de la que hay un grabado, pues aquí se enterraron  las familias más ilustres y nobles de Valladolid (Leyvas, Zárates, Navas, Veneros…).

Capilla de los Linajes, dibujo de Valentín Carderera, pocos años antes de ser derribado el convento

Era la primera capilla que estaba a la izquierda, nada más entrar en el templo, tenía tres puertas, una cerca de la pila del agua bendita, otra nada más entrar a la iglesia y la tercera se comunicaba con la nave central.

El patrón era don Carlos Venero y Leyva, capellán de Felipe III, que costeó reparaciones y obras, adecentó la portada de la capilla, quitó una reja de madera y la sustituyó por una de hierro bien labrado. Y pagó un retablo de Santa Catalina, al parecer muy rico en oro, por 600 ducados.

Aquí estuvieron colocados los bultos funerarios, realizados por Francisco Rincón, de la familia Venero-Leyva, hoy ubicados en la Catedral de Valladolid. Se llevaron allí antes de la destrucción del Convento, así como la imagen de Santa Catalina, (hoy en la capilla del Sagrario de la Catedral), un Cristo Crucificado, un San Juan y una imagen de Nuestra Señora.

Capilla de San Antonio el Pobre o de los Cañedos.

Ubicada debajo del Coro, anteriormente estuvieron ahí las capillas de San Antonio y la Trinidad. Tenía reja y puerta que daba al pórtico de la Iglesia

Capilla de Santa Ana:

Tenía reja que comunicaba a la nave de Santa Juana y a la nave central de la Iglesia, era propiedad de Casilda de Espinosa, mujer de un secretario del Santo Oficio, Don Diego Montero de la Carrera.

Bultos funerarios de la familia Venero Leyva, hoy en la Catedral de Valladolid, anteriormente en la capilla de Santa Catalina del Cto. de San Francisco. 

Sacristía, Lavatorios y Capilla de los Leones:

La realiza Gaspar Martínez en 1574, en un espacio que había entra la calle Olleros, la capilla de los Leones y la capilla Mayor. Era una sala rectangular de 16 m. de largo por 7 m. de ancho y tenía una altura nada desdeñable para ser una sacristía, nada menos que 12 metros. Con cubrición gótica de bella factura

Con la capilla de los Leones se comunicaba por medio de unas pilastras al estilo romano, pero que se cerraban con bóvedas de crucería. Al lado se construyeron los lavatorios.

En un inventario de 1809 la sacristía disponía de cinco espejos y pinturas diversas que representaban a San Bernardino, San Pedro Regalado, el Descendimiento, la Purísima Concepción, el Paso de los Azotes, San Joaquín y tres Papas y varios cuadros más (San Miguel, San Juan, La Asunción…)

Resacristía , o Capilla de San Bernardino:

Y es que desempeñaba esta función, por eso la nombra así Matías de Sobremonte. Se comunicaba con la Capilla Mayor por una puerta con bóveda que estaba debajo del Altar Mayor

Tomás de Prado, alcalde de la Cofradía de la Piedad, doró y estofó la reja, el retablo y la imagen de San Bernardino en 1619, la cual fue hecha por Pedro de la Cuadra. Aunque quien dispuso de esta capilla fue la Cofradía de los Mercaderes para sus cultos y celebraciones.


miércoles, 10 de junio de 2020

El Convento de San Francisco de Valladolid II

El Convento de San Francisco de Valladolid, parte II

El convento  era  gótico, sus obras comenzaron en este estilo, es de suponer que la parte más vieja y la iglesia conventual respondiesen a este estilo arquitectónico. Pero también debemos  pensar que, a lo largo de seis siglos de existencia, los añadidos y capillas que se adosaron se hicieron al modo y a los gustos del momento. Los mecenas, que aportaron sus reales para agrandar la iglesia y el convento, daban su parecer y elegían a sus pintores y escultores para sus caprichos, para eso pagaban.

Fachada de San Francisco dibujada por Ventura Seco

Tuvo nada más y nada menos que 33 capillas, esto nos da una idea de que hubo muchos patronos y bienhechores  que aportaron para engrandecer al convento franciscano.

Pero lamentablemente no se posee ninguna muestra gráfica, ni pictórica, ni similar que nos aclare cómo se distribuyeron las diferentes obras de arte del cenobio, ni cómo eran las capillas, ni las rejas, ni los claustros, en fin sólo poseemos el plano de 1830 y la capilla dibujada por Valentín Carderera, años antes de su demolición, de la capilla de los Linajes. Eso es lo único que poseemos.

Y por supuesto las obras de escultura y pinturas que han llegado hasta nuestros días, muchas en el Museo Nacional de Escultura , otras en templos de Valladolid.

La fachada que daba a la Plaza Mayor:

Fue dibujada por Ventura Pérez en 1738, para la Historia de Valladolid de Antolínez de Burgos. Suponemos que esta fachada, la dibujada, pudo ser reformada o restaurada después del inciendo de 1561; pues anteriormente debió haber otra, que se retocó hacia 1455 por el Arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo, el mismo que casó  a los Reyes Católicos en 1469.

Felipe II dejó dicho después del incendio:“Que se haga la portada de Sant Francisco, sacándola a nivel de las demás y encima se haga un corredor con un altar para decir misa y sobre este corredor, aya otros hasta igualar con el alto de las casas de un lado y del otro…”

Esto nos lleva a la conclusión de que la fachada era otra distinta a la anterior, a la que se dotó de un altar para que se dijera misa y la oyeran los mercaderes sin dejar su trabajo en la plaza del mercado.

Según María Antonia Fernández del Hoyo, esto ya se hizo en tiempos del arzobispo Carrillo, (pág. 65). Además apunta la existencia de un grabado en el Castillo de la Folie, en Bélgica, donde aparece una de las escasas representación gráfica del mismo, donde aparece Felipe el Hermoso participando en un juego de cañas, en 1506, en la plaza del mercado.

La imagen de San Francisco se debió colocar en época tardía, hacia 1727, apenas duro un siglo en su hornacina de la fachada.

También tenía un gran reloj, por el cual se regía la vida religiosa, laboral y social del Valladolid de entonces. Incluso la artística pues se pactaban contratos públicos para cualquier trabajo de arquitectura, escultura y pintura. Es más que probable que desde se ahí se gestaran los pasos procesionales de Semana Santa.

En una reparación de la torre, en 1623, se decía lo siguiente: “se vuelva a poner el dicho reloj en la torre y edificio… poniendo al lado de él las armas de esta ciudad con el letrero que hoy tiene para que siempre y en todo tiempo conste que el dicho reloj es de esta ciudad” (D. Merino Beato, Urbanismo y Arquitectura de Valladolid, pág 201)

La Iglesia Conventual:

Se comienza a construir en 1265 y se termina en 1275, era de una sola nave, “muy clara, dilatada y capaz… cercada de capillas todas muy decentes y adornadas” con las paredes de yeso y artesonado  de madera, aunque en el siglo XVI se cambió por bóvedas. Medía de largo unos 40 metros, desde el altar mayor hasta los pies, y de ancho unos 12,50 m.

En 1809 se hizo inventario y se contabilizaron 22 altares de santos e imágenes con todo lo necesario para celebrar misas.

La Capilla Mayor:

Comenzó siendo de patronazgo real, pero luego fue cedida a los Condes de Castro, es decir, a la familia de los Gómez Manrique de Mendoza.

Se accedía a ella por un gran arco apuntado que estaba en la capilla de los Rivera, en su ámbito se encontraban las Sacristías vieja y nueva, la Resacristía o Capilla de San Bernardino y otras dependencias.

El presbiterio debía tener un acierta altura sobre bóveda de más de 4 metros hasta que se suprimió en entre 1619 y 1622, cuando se cambió el primer retablo por otro de nueva creación.

En el inventario anteriormente citado, de 1809, se catalogaron  seis cuadros, tres de ellos sin especificar, aunque uno de ellos puede ser el de Nuestra Señora de pie con San Francisco de rodillas.  Los otros tres representaban a San José, San Francisco y Santo Domingo.

 Retablos Mayores:

Tuvo tres, el primero colocado en 1578,aunque debía estar hecho de antes, lo ejecutó el escultor Sebastián de Burgos, quien lo tasó en 320 ducados. Lo pintaron y estofaron Benedito Rabuyate y Simón de Isla. Formado por una imagen de la Asunción, un Cristo crucificado, y varios santos y ángeles.

Retablo de Laguna de Duero, segundo retablo de San Francisco 

El segundo se ubicó en 1622 y se quitó en 1674, cuando se vendió a la parroquia de Laguna de Duero por 5.000 reales. Tiene pinturas de San Antonio y de San Bernardino, de San Buenaventura y un lienzo de la Santísima Trinidad, posiblemente obras atribuidas a  Diego Valentín Díaz.

El tercero, de 1674, que poseía una Purísima Concepción, con camarín y varios santos; San Francisco y Santo domingo, San Juan de Capistrano, San Bernardino de Siena, San Pedro Regalado, San Francisco de la Parrilla, San Joaquín y Santa Ana.

Pero la imagen que realzó los dos últimos retablos mayores fue la imagen de la Inmaculada Concepción de Gregorio Fernández. Cuando la ejecutó la colocaron en la capilla de los Condes de Cabra; para luego, en 1622, ubicarla definitivamente y hasta la demolición del templo en la caja central del retablo.

Retablos colaterales y Reja de la Capilla Mayor

Hubo dos retablos colaterales, uno, el del Evangelio, dedicado a Nuestra Señora de la Peña de Francia y el de la Epístola a San Bernardino.

Aunque fueron sustituidos, en uno estaba San Francisco y en otro la Virgen de la Peña de Francia. Aunque se hicieron otros dos por la mano de Francisco Díaz de Tudanca.

La Reja

Antes de ubicarla su lugar lo ocupaba el coro, que estaba en la nave central del templo, pero al trasladar éste a los pies del templo en piso superior, se ubicó aquí la reja, que dividía la Iglesia en dos partes, la Capilla Mayor del resto de la Iglesia. Hubo al parecer dos, una del siglo XVI, a comienzos, y la segunda de 1619.

No se ha conservado como buena parte de las obras del cenobio franciscano.


Parroquia de Laguna de Duero, al fondo el retablo franciscano